Sueño contigo y me imagino que hace unos días me dijiste que le habías dado una bofetada a un chico en la discoteca por haberte tocado el culo. Y cada vez que lo pienso se me pone la polla dura, mi Ama. Al saber que tienes ese carácter duro, dominante y fuerte. Y al saber que eres capaz de abofetear a un hombre en público, delante de todos. Eso me pone y me hace adorarte más aún, ser más sumiso si cabe.
Y tener envidia de de ese chico, claro, porque me hubiera gustado ser yo el que recibiera esa bofetada en público, delante de todos, para besarte luego la mano con la que me has golpeado y darte las gracias por el tortazo. Delante de todos, para que los que lo vean sepan, o intuyan, que soy tu hombre sumiso. Tu novio sumiso cornudo. O tu marido sumiso cornudo. Lo que tú quieras, porque ya lo soy y quiero seguir siéndolo en cualquier condición y circunstancia.
Y me he colocado cara a la pared, con las manos en la espada, las pinzas de ropa en los pezones y la polla dura, muy dura. Porque quiero castigarme por no quererte como te mereces. Sé que te amo, que me entrego a ti, pero tú te mereces más aún. Lo sé. Tengo que amarte aún más todavía, y ser más sumiso, mucho más y al no serlo me castigo yo mismo, porque siempre te podría amar más y entregarme aún más. Lo hago porque quiero ser más sumiso, entregarme más y ser más tuyo. Lo hago para ir disciplinándome en mi sumisión total a ti. Porque quiero que sea absoluta y que mi amor por ti no tenga límites. Quiero ser tuyo completamente. Tu esclavo de verdad, el que una Diosa como tú se merece. Y aún me queda mucho para serlo de verdad.
Y si estuviera ahí, contigo, me acercaría desnudo y de rodillas al sofá en el que te echas, pondría las manos en la espalda y te lo diría claramente:
- Ama, necesito que me castigues
- Por qué.
- Porque no te amo lo suficiente, sé que te podría mar más aún y todavía podría ser más sumiso y más cornudo. Porque no lo soy suficientemente y no me humillo ante ti para excitarte como debo, te mojes y llames a uno de tus amantes y me hagas el honor de hacerme cornudo.
- Sabes, cornudo mío, que el mínimo, son cuatro bofetadas y que cuando te castigo no hay piedad y seré dura y severa. Que no soporto las ñoñerías.
- Lo sé, Ama, pero es necesario que me castigue. Lo necesito para redimirme.
Y tú te levantas, me das un ligero beso en los labios, te separas y me das una bofetada secas y fuerte que me vuelve la cara.
- Gracias Ama.
- De nada, cornudo. Estoy encantada y sabes que me gusta.
Y me has ofrecido la mano con la que me has golpeado para que te la bese y yo te la he besado con devoción. Y luego has mirado mi cara roja, me la has acariciado y me has vuelto a dar un ligero beso en los labios Muy ligero, porque los morreos son para tus amantes y yo no tengo derecho a esos besos de pasión.. Y tras el beso me has dicho que ponga las manos en la espalda, como siempre me dices cuando vas a abofetearme, y yo las he juntado por encima del culo y he esperado. Y tú has sonreído y te has echado para atrás para darme otra fuerte bofetada. Más fuerte aún, pero en la otra mejilla.
- Gracias Ama.
- De nada, cornudo. Es un placer.
Y luego otra, y otra, y otra. Me has dado seis fuertes bofetadas (dos más de las previstas), que me han vuelto la cara por su fuerza y me han dejado las mejillas rojas.
- Te he dado seis porque aquí la que manda y decide soy yo. Así que cada vez que me pidas que te castigue no sabrás cuántas te daré, pero serán muchas más de las que te esperas.
Y he aceptado con la cabeza, te he cogido la mano con la que me has abofeteado y te la he besado con fervor, mientras te doy las gracias y te digo que te amo, que quiero ser aún más sumiso y que me has hecho inmensamente feliz, porque ya me siento más libre de culpa por no amarte como te mereces.
- Entonces, cornudo mío, llama a mi amante para que venga a follarme, a hacerte cornudo. Estoy muy mojada.
- Sí, mi Ama.
- Las bofetadas me han excitado. Lo sabes y lo haces adrede para que te haga cornudo. No tienes remedio. No puedes evitarlo.
- Lo sé, mi Ama -te he dicho mientras cogía el teléfono.
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Rabu, 12 September 2012
Kamis, 06 September 2012
No sabes qué nombre ponerle a nuestro hijo
No es sólo la forma con la que te abrazas a él y lo besas. O como se las chupas. O como te lo follas. No es eso. Es la forma en la que te quedas embobada mirándolo. Por eso la última vez te dije que había tenido celos. Pocos, pero algo había.- Un buen cornudo jamás siente celos, sino placer al ver a su mujer gozar en los brazos de otro
- Lo sé, lo sé, pero los siento.
- Tú empezaste esto, tú me forzaste a que tuviera sexo con otro. Ahora ya sabes lo que hay.
- Lo sé, lo sé
- O disfrutas a lo dejamos. Y te vas de casa. Y me pierdes. No pienso dejar esto una vez que lo he conocido. Me gusta demasiado.
- No, no puedo. No puedo vivir sin ti. No te vayas
- Pues entonces acepta ser cornudo y disfruta. O vete.
Y no me fui, claro. Me quedé a mirar como te lo comías a besos, cómo le chupabas la polla con delectación, como te subías encima de él para follártelo con pasión, pero también como si quisieras succionarle la polla con tu coño. Se notaba que entre vosotros había algo más que sexo y eso es lo que me dolía.
- Claro que lo hay. Lo admiro, es un hombre de verdad y no un cornudo sumiso como tú que sólo se le pone dura al ser humillado.
- Pero es que…
- Lo sabes. Sólo se te pone durita al verme follar con otro, al sentirte cornudo y humillado.
- Pero es que...
- Es que él jamás admitiría ni permitiría que a su mujer la follara otro. Ni que la mirara. Es un hombre y por eso lo admiro y me entrego a él.
- ¿Es por eso?
- Una mujer jamás admira a un pelele, a un cornudo sumiso. Necesita a un hombre que la ponga en su sitio, que la haga sentir mujer. Y tú no eres ese hombre.
- Estás enamorada de él?
- No lo sé
- ¿No?
- No, no lo sé, pero lo que sí sé es que antes de perderlo me mato. No puedo vivir sin su polla, sin follar con él sin que me haga sentirme una mujer.
Desde aquella conversación ya no me dejas mirar como te lo follas. Ahora me envías cortos pequeños grabados con el móvil para que mientras me haces cornudo vea cómo te lo follas. Y eso veo. Veo cómo se la chupas con devoción, como te lo follas con pasión, como te lo comes vivo con los ojos, con tu deseo, con tu cuerpo, con tu coño…Entre vosotros hay algo más que sexo.
Y eso te he dicho cuando has vuelto a casa, me has dado tus bragas llenas de su semen y me has obligado a que me arrodille ante ti para lamerte el coño lleno de él, de su esperma, de su leche.- Lame. cornudo. y déjamelo bien limpio.
Y eso he hecho. He lamido tus jugos mezclados con su semen. Ha lamido la excitación que él te ha provocado y las consecuencias de su placer.
- Lame cornudo a ver si tragando el semen de un macho de verdad adquieres algo de él.
- Creo que estás enamorado de él –he balbucido atragantado
- Pon las manos a la espalda y levanta la cara –me has ordenado.
Y cuando lo he hecho me has dado cuatro bofetadas que me han volteado la cara.
- ¿Quieres que me vaya?
- No, no quiero perderte –te he contestado deprisa.
Y me has dado otras cuatro hostias más fuertes.
- ¿Quieres que deje de hacerte cornudo y me vaya de casa?
- No por favor –te he suplicado
Y me has dado otras cuatro hostias
- ¿Quieres que deje de humillarte y te abandone?
- No por favor –te he suplicado de nuevo.
- ¿Puedo quedarme preñada de él si lo deseo?
- ¿Lo deseas?
- Sí, creo que sí.
- No lo sé
Y me has dado otras cuatro hostias más fuertes aún.
- ¿Quieres que te deje?
- No, por favor
- ¿Quieres que me quede preñada de él si me apetece?
- Sí
- Sé, ¿qué?
- Sí, quiero que te quedes preñada de él
- Me alegro. Lo voy a pensar, pero ya sé que cuento con tu permiso. Eres un buen cornudo y eso me alegra. Estoy segura de que también serás un buen papi. Del hijo de otro, de un macho de verdad.
Y te has ido a la cama donde he estado lamiéndote el culo mientras tú me contabas lo macho que es, lo bien que folla, lo bonita que es su polla, lo excitada que estás cuando vas a verlo. Lo mojada que se te pone el coño cuando te llama. Y la posibilidad de dejar que te preñe como él quiere porque aunque está casado y tiene dos hijos, quiere tener otro contigo, con su amante.
- Lo que ocurre es que no sé que nombre le pondría al niño. Quizás el de su padre- me has dicho antes de quedarte dormida con una sonrisa de placer. Y tranquilidad.
Jumat, 24 Agustus 2012
Dije sí, soy cornudo
Se la chupas a él, pero me miras a mí. Sabes que me das celos, que sufro, pero también que tengo la polla dura. O la pilila, como tú la llamas porque sólo se pone dura cuando te veo así, entregada a otro macho, saboreando su polla y follándotelo luego como sólo tú sabes hacer porque eres muy buena en la cama. A mi me sedujiste al follarme la primera vez. Luego supe, tú me lo contaste, que te habías follado a toda mi promoción de la universidad. Que te iba eso de ser algo puta y zorra, con el debido respeto. Me lo confesaste y fuiste muy sincera. Me lo dijiste justo antes de llegar al altar, en el pasillo que nos conducía al matrimonio, mientras pasábamos por en medio de todos mis compañeros de promoción a los que habías invitado a la boda.
Fue entonces cuando supe que todos los que estaban sentados mientras nosotros pasábamos entre ellos, habían follado contigo. Y varias veces. El último hacía sólo unos días en tu despedida de soltera. Y estaba en la primera fila. Lo conocía: era Abel, mi mejor amigo.
- Te soy sincera. Ya lo sabes todo. Piénsatelo antes de decir sí quiero –me dijiste cuando llegamos a la altura del cura.
Me lo pensé. Lo estuve pensado mientras oía a lo lejos la voz del cura con su ritual habitual, aunque yo lo escuchaba pero no lo oía porque estaba ensimismado imaginándote follando con todos ellos, y con mi mejor amigo hacía sólo unos días, en la despedida de soltera que organizaste con tus amigas.
Así que la mayor parte de los tíos que estaban en la iglesia te habían follado y todos sabían que yo era un cornudo. También tus amigas, las damas de honor. A lo mejor hasta tu madre a la que le comentabas todo y que yo sabía que era una mujer ardiente que le había puesto los cuernos su marido, a tu padre, muy a menudo. De hecho tenía un amante muy joven al que mantenía con el dinero de su marido, de tu padre.
Ahora que lo pienso, casi todo encaja porque de pronto he recordado que había visto salir a tu padre del dormitorio en el que tu madre follaba con su joven amante. Él lo sabía. Y consentía. Por eso quizás tú tenías escuela, la de tu madre, y te había enseñado. Te había enseñado y educado para que buscaras un buen marido.
- Busca un marido bueno, como lo es tu padre –le había oído comentarte.
Ahora lo comprendía todo. Lo habías buscado y lo habías encontrado A mí. Yo era ese marido bueno que tú necesitabas y que tú madre te recomendaba. Pero el cura sigue con su letanía ritual mientras tú me miras y sonríes. Te veo segura. Segura de ti misma, con ese aplomo con el que has dirigido tu vida, nuestra vida. Ese saber estar que me llevo a enamorarme de ti y amarte más allá del bien y del mal, más allá de cualquier límite.
- Soy muy exigente –me habías advertido cuando te propuse salir.
Y lo fuiste. Mucho. Porque enseguida conseguiste convencerme de que era yo el que debía hacer la colada para que a ti no se te estropearan las manos. Y el que debía fregar los platos. Y el que debía mantenerse casto, sin correrse sin tu permiso porque no te gustaba que tuviera placer sin ti. Tenía que compartirlo contigo. Me pareció lógico.
Como me pareció lógico que salieras todos los vienes con tus amigas y regresaras al día siguiente con toda la ropa arrugada y las bragas casi caídas. Las había olido más de una vez y sabían a excitación, a tu coño, pero a algo más que no supe identificar.
No le di importancia, pero ahora que me lo dices, justo antes de casarnos, tengo que tomar una decisión porque el cura parece que llega al final del rito ese que dice: “Quieres a Marta como tu esposa para…”.
Eso dirá el cura, eso me dice ahora y he de responder. Me lo pienso durante un segundo, te miro, me sonríes con tu irresistible sonrisa, me miras con esos ojos que adoro y respondo:.
- Sí, quiero –le digo al cura.
- Si quiero, contestas tú.
Y entonces viene el beso que me das mientras me tocas la entrepierna.
- Tienes la polla dura, cornudo –me susurras al oído. Sabía que dirías que sí. Eres como mi padre y por eso te amo.
Eso ha ocurrido hace una hora. Ahora estamos en la habitación del hotel donde hemos subido para cambiarnos antes del banquete. Pero antes del banquete tú te estás estrenando con mi mejor amigo, el de la primera fila, al que le chupas la polla mientras me miras con eso ojos que adoro. Cuando he subido te he sorprendido con él y me he quedado quieto en la puerta.
- Pasa, cornudo, siéntate y diviértete –me has dicho.
Y me he sentado en el sofá para ver cómo se las chupas, cómo lo desnudas, como le metes mano y te lo llevas a la cama para follártelo. Porque te lo follas una y otra vez, le aprietas el coño con tu polla, lo cabalgas, gines, jadeas y me miras con esos ojos que me vuelven loco. Eso ojos que delatan que te estas corriendo. Pero con otra polla en tu coño.
- Si quieres puedes acariciarte y correrte, cornudo -me has dicho.
- ¿Sí?
- Sí, claro. Es nuestra noche de bodas.
Jumat, 17 Agustus 2012
Cornudo y feminizado
Sueño contigo y pienso que andamos ya casados y que has ido poco a poco adentrándome en tu mundo; en ese mundo que has creado para incluirme en él con arreglo a tus deseos, a tus fantasías. Porque todo comenzó un día que estábamos en la cama y tras ver que estaba muy excitado, que te deseaba, me preguntaste por mis fantasías. Yo no te hice caso, quise penetrarte y tú te apartaste y me dijiste que no, que antes tenía que confesarte mis fantasías; esas ensoñaciones que todos tenemos y que no solemos confesar por vergüenza. Me dijiste que ya teníamos confianza y que no te ibas a asustar por muy fuerte que fuera. Y dudé. Por un lado me excitaba que conocieras mis más íntimos deseos ocultos, pero por otro me daba miedo. Pero tú me animaste, me dijiste que me ibas a contar primero la tuya y que así perdería la vergüenza. Y comenzaste a acariciarte el sexo y me revelaste que te gustaría estar con un travestí.
- ¿Un travestí? –te pregunté asombrado.
- Sí, un travestí, pero guapo y femenino.
- Vaya, qué sorpresa.
- Y dominante.
- ¿Dominante?
- Sí, que nos domine a los dos y nos haga cosas.
No sabía muy bien a qué te referías, pero lo pude aclarar la noche siguiente cuando después de cenar llamaron a la puerta y abriste para dejar pasar a una chica muy mona. Bueno, a un chico, porque era travestí, pero muy femenino. Prácticamente no se notaba la diferencia. Y lo invitaste a pasar y sin más historias, te lo llevaste a la cama. Y lo fuiste desnudando, mientras yo miraba pasmado desde la puerta.
- Pasa cariño y observa que sé que te va a gustar- me ordenaste a mí.
- Sí, paso.
- Y tú, vístete como ya sabes –le dijiste al travestí.
Y él sacó de la bolsa que había traído unos corsé de cuero y algunas fustas y me dio a elegir a mí qué se pondría. Luego me señaló un látigo de nueve colas y una fusta, para que también decidiera. Elegí un corsé de cuero y el látigo de nueve colas.Y se vistió y se quedó parado/a frente a mi. La verdad es que estaba guapísima con esa ropa que dejaba aparecer por abajo una buena polla. Porque el tipo/a estaba bien dotado, según pude comprobar cuando tú se la acariciaste y comenzaste a chupársela. Se suponía que me estabas engañando, que estabas follando con otro y me estabas poniendo los cuernos. Pero yo no lo veía así. Mi polla tampoco porque estaba durísima.
- Ven cariño, que ya veo que te excita la idea – me indicaste con una pícara sonrisa.
Y fui, claro, porque era un travestí y ni era hombre ni mujer y entonces aquello no eran cuernos. Y si lo eran me gustaban porque cuando llevaste mi cabeza a su polla para que la chupara, me la metí en la boca y la chupé con fruición, con apasionado fervor hasta que él/ella me apartó, te cogió a ti, te echó sobre la cama y comenzó a darte fustazo en el culo mientras tú gemías y suspirabas. No tardaste en correrte dejando una evidente la humedad sobre la sábana a la altura de donde había estado tu coño. Y no tardaste en levantarte, musitarle al travestí algo al oído, no sé qué, y te sentaste luego en el sillón frente a la cama para sonreírme con tu proverbial sonrisa.
- Te toca –me dijiste.
- ¿A mí?
- Sí, a ti. No tengas miedo. He visto que navegas por Internet buscando travestís dominantes, como los de Shemale Revenge cuyas fotos guardas en el ordenador. Así que ahí tienes a uno. No tengas miedo.
No tenía miedo de él, sino de ti, porque me cogiste de la mano, me echaste sobre la cama, me obligaste a chuparle la polla y me ataste luego a los barrotes de la cama para dejarme indefenso ante él. Y yo me dejé, claro, porque no podía protestar ya que tenía la polla dura. Habías leído mis pensamientos, me habías pillado y sabías lo que te hacías.
- Que disfrutes, cariño - me dijiste mientras te levantabas, te vestías y salías de la habitación.
El resto de la noche la pasé chupando polla, recibiendo azotes en el culo y siendo la puta sumisa de aquel travestí femenino, pero macho. Perdí la noción del tiempo, hasta que tú llamaste por el móvil y me dijiste que estabas con Carlos, mi jefe, y que estabas en un hotel follando con él.
- Compréndelo, cariño, no sólo tú tienes fantasías –me dijiste sin rubor. Yo también las tengo y desde que supe que te gustaban los travestís dominantes, me dispuse a llevar a la práctica las mías y me follé a tu jefe que tanto me gusta y deseo. No te he dicho nada hasta comprobar que eras feliz realizando las tuyas, pero ahora ya estoy segura de que vamos a ser los dos muy dichosos.
Y lo fuimos, sí, porque desde entonces mi jefe me trata mejor, viene a casa a follar contigo mientras yo estoy trabajando o me dice que me vaya de la oficina antes de tiempo para prepararme. Y yo vengo a casa, me pongo bragas, medias con ligueros y un delantal de doncella francesa y espero a que lleguéis de tomar copas para serviros y quedarme al lado de la cama por si necesitáis algo mientras te folla. Por supuesto que le lamo a él la polla antes y después de follar contigo y a ti te limpio el coño cuando se ha corrido.
Por supuesto que ya no me llamo Andrés, sino Carola. Y por supuesto que he dejado de follar contigo, porque dices que no soy lo suficientemente hombre para eso. Y por supuesto que después de follar con él me azotas el culo mientras yo te doy las gracias por feminizarme y por hacerme cornudo. No sé cómo hemos llegado hasta aquí, pero últimamente has ampliado nuestro horizonte sexual y te has hecho amiga de otra chica dominante que has conocido por Internet y las dos os divertís mucho con vuestros maridos porque el de ella también es cornudo sumiso feminizado y cuando queréis divertiros juntas y montar una fiesta, llamáis a vuestros amantes, folláis con ellos en casa y cuando se van, os folláis entre vosotras, mientras los dos miramos.
O nos chupamos mutuamente la polla, mientras vosotras os reis. O hacemos “duelos de espadas”, según nos decís vosotras riéndoos, porque nos obligáis a que crucemos nuestras duras pollas como su se tratara de un combate de espadachines.
- A ver quién gana. A ver quién de los dos es más cornudo. Y más sumiso. Y menos macho.
Eso me dices y le dices a mi compañero de aventura, mientras os metéis mano y nos advertís de lo que nos espera.
- A partir de ahora sólo vestiréis ropa femenina y follareis entre vosotros. Ya os la apañaréis para aliviaros mutuamente como dos lesbianas, porque nuestros machos ya nos satisfacen muy bien a nosotras y no necesitamos más.
No sé cómo hemos llegado hasta aquí. Ha sido todo muy rápido, pero he de confesar que has cumplido con mis fantasías. Con todas. E incluso con algunas que no sabía que tenía.
Senin, 30 Juli 2012
Cornudo, consentidor y padrastro
Sé que te ves con él, que te folla, que te corres con él como una cerda, como una guarra y como una zorra. Sé que haces con él lo que a él le viene en gana, que se la chupas en lugares públicos, que te folla en la oficina y en los aseos de los restaurantes. Sé que tus amigas saben que sales con él, que follas con él. Sé que te usa como quiere y cuando quiere.
Sé que incluso te ha prestado a algún amigo y que tú has follado con ellos para complacerlo a él. Sé que se te moja el coño nada más verlo, cuando suena en casa el teléfono y sabes que es él. Sé que te compras lencería cara para él, que te cuidas y vas a la peluquería e incluso que has comenzado a ir al gimnasio. Sé que cuando te folla bien follada vienes a casa con la cara radiante, feliz, contenta y dichosa. Se te nota, sobre todo, porque cuando quiero que hagamos el amor me dices que estás muy cansada. Y te duermes con una extraña sonrisa en la cara.
Se te ve feliz. Lo sé. Y sé que si tuvieras que elegir entre él y yo te irías con él sin dudar, pese a que está casado. Sé que incluso me dejarías a mí a cargo de nuestra hija, que renunciarías a ella por él. Y sobre todo, sé que le has suplicado que te preñe porque quieres tener un hijo suyo. Un hijo que no quieres que sea mío. Y quizás por eso hace tiempo que no me dejas penetrarte.
Y pese a todo te sigo queriendo, no puedo dejarte y no dejo de masturbarme viendo como follas con él, porque te entregas apasionada y casi sumisa, a sus caprichos, al antojo de su polla. Lo sé y lo he visto una y otra vez, porque él ha grabado vídeos que le ha enseñado a sus amigos y que tú has traído a casa, a escondidas, aunque lo has dejado a la vista para que yo los encontrara.
Y sé que sabes que los he encontrado. Y sé que sabes que yo los he visto. Y sé que sabes que me masturbo mirando los video varias veces al día. Que no paro de verlos y de masturbarme. Sé todo eso y más, aunque tú no me has contado nada. No me has dicho nada. No hace falta. Te acabas de despedir dándome un beso en la frente. Sólo has dicho: “He dejado el DIU y voy sin nada. Voy a follar a pelo y vamos a ser padres”.
Y yo no he dicho nada. Pero cuando has cerrado la puerta he corrido para poner el video y masturbarme.
Jumat, 27 Juli 2012
¿Dolor o humillación?
- Qué prefieres: ¿dolor o humillación? – me preguntaste.
Y no supe que responder porque ya sé que si digo humillación, para evitar el castigo, los azotes o las pinzas, tú me humillarás, llamarás a tu amante y me pondrás los cuernos mientras me llamas cornudo. Y que luego, tras follar con él, me azotarás el culo a razón de 10 fustazos por cada orgasmo que hayas tenido al ponerme los cuernos (ese es tu capricho y para mi es sagrado), por lo que no me escaparé del dolor. Diga lo que diga.
- Qué prefieres: ¿dolor o humillación? – insististe, mientras me pellizcabas los pezones.
- Dolor – te contesté
Y tú me cogiste, me llevaste a la pared, me pusiste frente a ella para que me apoyara con las manos y ofreciera el culo.
- Sácalo más que te voy a dar duro.
Y comenzaste a darme azotes en el culo, mientras me llamabas cornudo, me decías que me amabas y yo te contestaba “gracias, amor mío”, tras cada azote. Como es natural entre nosotros. Pero de pronto dejaste de azotarme, te sentaste en la cama y me cogiste del pelo para llevar mi cabeza frente a tu coño. Sin tocarlo.
- Huele.
Y olí el aíre que venía de tu coño y noté el sabor de tu excitación. Sabía que estaba mojado.
- ¿Quieres lamérmelo? – me preguntaste.
- Sí, amor mío.
- Pero ya sabes que sólo puedes lamerme el coño después de que haya follado con otro macho.
- Sí, lo sé.
- Entonces, ¿qué hacemos?
- No sé, amor mío.
- ¿Quieres llamar a mi amante para que me folle y así poder lamer mi coño excitado por haberte azotado?...
No lo pensé. Me levante súbito, fui al teléfono y marqué el número de tu amante.
- Pero sé sumiso y educado, como te tengo enseñado –me recordaste.
Asentí con la cabeza y cuando Abel cogió el teléfono le pedí que viniera a follar contigo.
- Suplícaselo, cornudo.
- Te suplico que vengas a fallarte a mi mujer.
Y Abel vino poco después folló contigo hasta que estuviste rendida de tanta follada, de correrte una y otra vez mientras yo te besaba la mano de rodillas. Y te decía que te quería. Que te quiero. Y tú sonreíste, te levantaste y me cogiste del pito y digo pito, porque según tú misma me recuerdas constantemente, yo no tengo polla, sino pito, un ridículo pito que no se puede ni comprar con una verdadera polla de un macho. Lo sé y lo acepto. Así que me cogiste del pito y me llevaste a la pared para que me apoyara en ella con las manos.
- Me he corrido tres ves, amor mío. Así que tú mismo haz la cuenta.
- Son 10 azotes por orgasmo, por lo que son 30 azotes.
- Exacto. Saca más el culo, cornudo, que quiero que Abel vea como te azoto después de haberte echo cornudo.
Así que saqué el culo y recibí con gusto tus 30 azotes, porque ya te conjozco, te amo y sé que haga lo que haga y elija lo que lejía, al final me azotarás y me humillarás. No tenga escapatoria posible. Y no la quiero. Porque te amo tanto que para mi es un placer sufrtir por ti, que mi cuerpo sirva para tu placer y mi humillación para que goces, disfrutes y seas feliz. Esa es mi felicidad, amor mío, te dije cuando me diste el 25º azote en mi culo rojo y dolorido. Pero tú paraste de pronto.
- Faltan 5 –te advertí.
- Sí, pero he visto que tienes el pito muy duro y no quiero que te corras.
- Es verdad, amor mío.
- No me lo explico, pero cuando más te castigo y humillo más gozas. Ya no sé qué hacer contigo.
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